Miercoles 22 de Noviembre de 2017

AUTOPSIA A JESUS: LAS 10 RAZONES POR LAS CUALES MURIO EL HIJO DE DIOS

29 Marzo, 2013 10:50 AM, Buenos Aires. Por

La agonía provocada por la tortura romana fue muy dolorosa

Él sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre.  Incluso antes de que la crucifixión empezara, Jesús mostraba claros síntomas físicos relacionados con un intenso sufrimiento. La noche previa a la ejecución sus discípulos dijeron haberlo visto en agonía sobre el Monte de los Olivos. No sólo no durmió en toda la noche, sino que además parece haber estado sudando abundantemente.

Tan grande era el sufrimiento, que había pequeños vasos sanguíneos que se rompían en sus glándulas sudoríparas y emitían gotas rojas tan grandes que caían al suelo (Lucas 22:44). Este síntoma de intenso sufrimiento se llama hematohidrosis o sudor de sangre. 

Después de la flagelación, el largo vía crucis y la dolorosa crucifixión, Jesucristo murió por asfixia, insuficiencia cardíaca aguda y finalmente un infarto al miocardio pero, si hubiera necesidad de realizar un informe final de las causas clínicas de su fallecimiento, serían al menos diez. 

La secuencia sería: síndrome de estrés agudo, hipertensión arterial de origen psicosomático, anemia aguda por pérdida sanguínea, insuficiencia cardíaca congestiva, insuficiencia respiratoria aguda, síndrome pleural con derrame, shock por hipotensión, infarto al miocardio, ruptura de ventrículo y muerte.

La flagelación era un preliminar legal a toda ejecución. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado y con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre ésta los golpes no perdiesen fuerzas. Golpeaban, sin compasión ni misericordia alguna. Las laceraciones cortaban hasta los músculos, desgarrando la carne lo que producía una pérdida importante de líquidos (sangre y plasma). Hay que tener en cuenta que la hematohidrosis (sudoración de sangre) previa había dejado la piel muy sensible en Jesús.

A Jesús le fue colocada, como emblema irónico de su realeza, una corona de espinas que pudo irritar gravemente los nervios más importantes de la cabeza, causando un dolor cada vez más intenso y agudo con el paso de las horas. De acuerdo a las Escrituras, no recibió ningún alimento durante muchas horas, lo que se habría agravado por la pérdida de líquidos tras las abundantes hemorragias. Eso permite suponer que estaría gravemente deshidratado y al borde de un colapso o shock.

El dolor y el daño causado por la crucifixión fueron concebidos para ser sumamente intensos, por ser un dolor intenso, ardiente, horrible como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal. La ruptura del nervio plantar del pie con un clavo tendría un efecto asimismo horrible”. Además, la postura del cuerpo sobre ese tipo de cruz alargaría por varios días la agonía, ya que ésta fue pensada “para hacer extremamente difícil la respiración. 

Una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso: vértigo, calambres, sed, inanición, fiebre, tétano, vergüenza, humillación, larga duración del tormento, horror de la anticipación, mortificación de las heridas no cuidadas

La Biblia dice que, cuando el soldado romano le atravesó el costado izquierdo a Jesús, “la lanza liberó un chorro repentino de sangre y agua” (Juan 19: 34),  esto no solo prueba que Jesús ya estaba muerto cuando fue traspasado, sino que también es una evidencia del rompimiento cardíaco

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