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Hace un año: ‘Habemus Papam…’ Dominum Georgium Marium, Cardinalem Bergoglio, qui sibi nomen imposuit Franciscum. Su año. El primer mensaje

13 Marzo, 2014 8:07 AM, Buenos Aires. Por

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Hermanos y hermanas, buenas tardes.

Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…, pero aquí estamos. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja.

(Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre).

Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Deseo que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa. Y ahora quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, os pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí….

Ahora daré la Bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

(Bendición).

Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezad por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descanséis.

Su año

El Papa Francisco cumple un año de pontificado marcado por las reformas en la Curia, la apertura de la Iglesia y por sus muestras de sencillez y cercanía a la gente, lo que le ha conferido un enorme carisma, como lo demuestran los cientos de miles de peregrinos que acuden a la plaza de San Pedro.

Francisco, el primer Papa latinoamericano, ha despertado en su primer año de pontificado entusiasmo, esperanzas de cambio y una cuasi unánime opinión favorable en la región, con su estilo sencillo y su certera puntería para identificar las causas de los males que aquejan al individuo y la sociedad.

Francisco, el primer Papa latinoamericano, ha despertado en su primer año de pontificado entusiasmo, esperanzas de cambio y una cuasi unánime opinión favorable en la región, con su estilo sencillo y su certera puntería para identificar las causas de los males que aquejan al individuo y la sociedad.

Bergoglio, de 77 años, un jesuita con corazón franciscano, nada más presentarse a los fieles dijo al mundo que quiere ser un Papa “al servicio de los demás”, que sueña con una Iglesia “pobre y para los pobres” y abierta al mundo, tanto, que animó a los religiosos a abrir los conventos vacíos para alojar a los refugiados.

Lo primero que hizo el Papa, elegido el 13 de marzo, fue desprenderse de oropeles. Calza zapatos negros y no los rojos papales y se aloja en la residencia Santa Marta, una dependencia del Vaticano, junto con obispos y sacerdotes y no en los fríos apartamentos del Palacio Apostólico.

La sencillez no está reñida para el papa argentino con el coraje a la hora de reformar la Curia “enferma”, según palabras de Benedicto XVI.

Comenzó con el nombramiento de secretario de Estado al hasta entonces nuncio en Venezuela, el italiano Pietro Parolin, de 58 años, en sustitución del cardenal Tarcisio Bertone, quien resultó salpicado por el escándalo de las filtraciones de los documentos vaticanos.

Un mes después de ser elegido Papa nombró un consejo de ocho cardenales para reformar de la Curia romana encabezado por el hondureño Óscar Andrés Rodríguez Madariaga.

Un mes después de ser elegido Papa nombró un consejo de ocho cardenales para reformar de la Curia romana encabezado por el hondureño Óscar Andrés Rodríguez Madariaga.

El 5 de julio de 2013 Bergoglio presentó la encíclica sobre la fe, “Lumen Fidei”, que comenzó su predecesor Benedicto XVI, y que no pudo terminar al renunciar al pontificado el 28 de febrero de ese año.

Se trata de una encíclica a “cuatro manos” y fue firmada por Francisco, aunque el borrador de Benedicto XVI era “un documento fuerte, un gran trabajo”, según precisó el Papa, quien resaltó la necesidad de recuperar la fe en el mundo actual, en el que es vista “como un salto al vacío que impide la libertad del hombre”.

Otra de las decisiones del Papa Bergoglio fue el nombramiento de una comisión de investigación para reformar el llamado banco del Vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), envuelto desde hace años en numerosos escándalos financieros.

El pontífice creó esa comisión con carta blanca para investigar todo lo que ocurra en el IOR y constituyó además otro grupo de estudio para reformar la estructura económica administrativa de la Santa Sede.

A Francisco le gustan sus paseos por la plaza de San Pedro en los que saluda y besa a niños y enfermos, pero quiere que los sacerdotes hagan lo mismo y les anima a mezclarse con la gente, a salir fuera de la Iglesia.

A Francisco le gustan sus paseos por la plaza de San Pedro en los que saluda y besa a niños y enfermos, pero quiere que los sacerdotes hagan lo mismo y les anima a mezclarse con la gente, a salir fuera de la Iglesia.

Publicó asimismo un “Motu Proprio” (documento papal) que dio continuidad al aprobado por Benedicto XVI, que incluye medidas para la prevención y lucha contra el blanqueo de capitales, financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva.

Con otro “Motu propio” bajo el nombre “Fidelisdispensator et prudens” (Administrador fiel y prudente), el pasado 24 de febrero anunció la creación de una “Secretaría para la Economía”, que se ocupará de gestionar todas las actividades económicas y administrativas de la Santa Sede y del Estado del Vaticano.

A la creación de este ministerio se llegó tras las recomendaciones de la comisión encargada de abordar la estructura económica y administrativa de la Santa Sede (COSEA), que fueron aprobadas por el Consejo de cardenales nombrados por el papa para reformar la Curia, el llamado G8 vaticano, y por la Comisión G-15.

El Papa abandonó todo lujo y circula en un automóvil común, calza zapatos negros y no los rojos papales y se aloja en la residencia Santa Marta, una dependencia del Vaticano, junto con obispos y sacerdotes y no en los fríos apartamentos del Palacio Apostólico.

El Papa abandonó todo lujo y circula en un automóvil común, calza zapatos negros y no los rojos papales y se aloja en la residencia Santa Marta, una dependencia del Vaticano, junto con obispos y sacerdotes y no en los fríos apartamentos del Palacio Apostólico.

Para muchos, Francisco ha supuesto una primavera para la Iglesia tras años de escándalo que sufrió en silencio Benedicto XVI.

Su magisterio es sencillo, Bergoglio se muestra como un pastor cercano a sus ovejas, en la línea simple que mostraba Jesús.

Los fieles ven en él un pontífice humilde y cercano a los pobres y más débiles y un Papa en el que mirarse.

Su carácter impulsivo y sus improvisaciones han encandilado a propios y extraños.

Gustan sus paseos por la plaza de San Pedro en los que saluda y besa a niños y enfermos, la llamadas por teléfono a gentes necesitadas, sus continuas exhortaciones para el fin de la guerra en Siria con la imponente Vigilia celebrada el pasado 7 de septiembre, las frases diarias en Twitter y el tiempo que pasa rodeado de gente.

El 13 de marzo de 2014, el Papa Francisco cumple su primer año de pontificado, el primero en la historia de la Iglesia Católica con dos Papas, uno, Benedicto XVI, emérito, tras su renuncia, y Bergoglio, en plenos poderes.

El 13 de marzo de 2014, el Papa Francisco cumple su primer año de pontificado, el primero en la historia de la Iglesia Católica con dos Papas, uno, Benedicto XVI, emérito, tras su renuncia, y Bergoglio, en plenos poderes.

Francisco quiere que los sacerdotes hagan lo mismo y les anima a mezclarse con la gente, a salir fuera de la Iglesia y buscar lo que él llama “Iglesia de la periferia”; en suma, a ejercer de pastores de los más pobres.

El Papa mantiene a los guardias de seguridad en vilo y él mismo ha revelado que de vez en cuando en el Vaticano le recriminan que es “indisciplinado”.

Sin embargo, en este año de pontificado se ha pasado “de una Iglesia asediada por miles de problemas a una Iglesia que se ha abierto”, según dijo Pietro Parolin.

Los fieles ven en él un pontífice humilde y cercano a los pobres y más débiles, y un Papa en el que mirarse.

Los fieles ven en él un pontífice humilde y cercano a los pobres y más débiles, y un Papa en el que mirarse.

La batalla a favor de la reforma de la desacreditada Curia Romana y de sus controvertidas finanzas, acusada de corrupción y blanqueo de dinero, ya comenzó.

Para ello creó una suerte de ministerio de Economía, con un equipo mixto internacional de cardenales, obispos y expertos auditores, de manera de acabar con el ancestral centralismo de la Iglesia y favorecer la transparencia financiera y administrativa.

Todas esas medidas las ha tomado por recomendación de varias comisiones lideradas por cardenales de toda su confianza, muchos de ellos latinoamericanos, un método inusual dentro de los palacios pontificios.

Se trata solo de primeros pasos, cuyos resultados están aún por llegar.

                                                        Recen por mí.  Papa Francisco (@Pontifex_es) marzo 13, 2014

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