Un nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) expone una realidad preocupante: la pobreza infantil en Argentina sigue afectando gravemente a millones de niños y adolescentes, a pesar de la leve mejora registrada en los últimos meses.

Según los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) 2025, la pobreza infantil alcanzó el 53,6% entre los niños, niñas y adolescentes de 0 a 17 años. Esto significa que casi 6 de cada 10 niños son pobres en el país, una cifra que pone de manifiesto la persistente infantilización de la pobreza en Argentina.

Inseguridad alimentaria: el 30% de los niños no come regularmente

El informe no solo mide la pobreza por ingresos, sino también las privaciones concretas en la vida cotidiana. Uno de los datos más alarmantes es que cerca del 30% de los niños y adolescentes no accede a una alimentación regular.

  • El 31,4% de los menores tuvo que reducir la cantidad o calidad de los alimentos en los últimos 12 meses debido a problemas económicos (inseguridad alimentaria total).
  • Más del 12% pasó directamente hambre en algún momento del año.
  • La inseguridad alimentaria severa afecta a una porción significativa de la infancia, agravando riesgos en salud, desarrollo cognitivo y escolaridad.

“La niñez continúa siendo el grupo más expuesto a las oscilaciones del ciclo económico y uno de los principales canales de reproducción intergeneracional de la desigualdad”, señala el documento de la UCA.

Brecha entre hogares con y sin niños

La diferencia es abismal:

  • En hogares sin niños, la pobreza se ubica en torno al 35,2%.
  • En hogares con niños, la tasa salta al 58,9%.

Además, la indigencia infantil (hogares que no cubren ni la canasta básica alimentaria) alcanza el 14,9%, es decir, casi uno de cada seis niños vive en condiciones de extrema vulnerabilidad.

¿Por qué persiste la pobreza infantil en Argentina?

El informe del ODSA-UCA destaca que, aunque hubo una reducción en la pobreza general durante 2025 (influida en parte por ajustes metodológicos y políticas de transferencia como la AUH y la Tarjeta Alimentar), las deudas estructurales con la infancia siguen sin resolverse:

  • Empleo precario y changas como principal fuente de ingresos en los hogares más vulnerables.
  • Insuficiente cobertura de las asignaciones sociales frente al costo de la canasta básica.
  • Aumento de la asistencia a comedores escolares y comunitarios (creció un 35% en algunos casos), lo que refleja que las familias no logran garantizar la alimentación en el hogar.

Expertos advierten que estas cifras, aunque muestran una leve mejoría respecto al pico de 2024, aún se encuentran lejos de los niveles prepandemia y consolidan a la infancia argentina como el sector más castigado por la pobreza multidimensional.

Consecuencias a largo plazo

La pobreza infantil y la inseguridad alimentaria no solo afectan el presente: comprometen el desarrollo físico, emocional y cognitivo de millones de niños. Esto genera un círculo vicioso que dificulta la movilidad social y perpetúa la desigualdad en las próximas generaciones.

El Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA llama a redoblar esfuerzos en políticas focalizadas que garanticen derechos básicos como alimentación adecuada, salud y educación de calidad.

Fuente principal: Informe “Infancia en Argentina: nuevos avances, deudas estructurales y dimensiones postergadas (2010-2025)” – Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA.