La histórica presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora falleció a los 95 años en Buenos Aires. Referentes de los derechos humanos y la política despiden a una mujer que transformó el dolor en lucha colectiva.

El ámbito de los derechos humanos en Argentina y el mundo despide a una de sus figuras más emblemáticas. Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, conocida popularmente como Taty Almeida, falleció el pasado domingo 14 de junio de 2026 a los 95 años de edad. La presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora se encontraba internada en el Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires, donde pasó sus últimas horas rodeada del afecto de sus familiares y seres queridos.

La noticia generó una inmediata ola de conmoción en redes sociales y sectores políticos. Organizaciones hermanas como Abuelas de Plaza de Mayo expresaron su «enorme dolor» ante la pérdida de una militante a la que calificaron como «irremplazable» y un «faro absoluto» para las nuevas generaciones en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.

Un velatorio con impronta militante

Por expreso deseo de la propia Taty, quien siempre mantuvo un estrecho vínculo con el movimiento obrero organizado, sus restos son despedidos en la sede del sindicato de telecomunicaciones FOETRA (Maza 160, CABA). El velatorio se realiza este lunes 15 de junio entre las 14:00 y las 24:00 horas, y continuará el martes 16 de junio de 08:00 a 12:00 horas, permitiendo que miles de militantes, figuras políticas y ciudadanos comunes se acerquen a brindarle el último adiós.

«Mi mamá pidió explícitamente ser velada en un gremio, rodeada de trabajadores», detalló su hija Fabiana Almeida, visiblemente conmovida por las muestras de afecto recibidas desde todos los rincones del país.

El nacimiento de una lucha inquebrantable

Nacida el 28 de junio de 1930 en el seno de una familia con fuerte arraigo militar y de pensamiento tradicional, la vida de Taty Almeida cambió de manera drástica el 17 de junio de 1975. Ese día, su hijo Alejandro Almeida, de 20 años, estudiante de Periodismo, trabajador de la agencia de noticias Télam y militante del ERP-22 de Agosto, fue secuestrado y desaparecido por la organización para-policial Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).

Aquel golpe brutal derribó los prejuicios de su entorno y la impulsó a las calles. Taty se unió al grupo de mujeres que, con un pañuelo blanco en la cabeza, desafiaban el terror de la época marchando alrededor de la Pirámide de Mayo. Con los años, se convirtió en una de las oradoras más lúcidas, carismáticas y enérgicas del movimiento, reconocida por su capacidad para conectar con la juventud.

Hasta sus últimos días, Almeida asistió a escuelas, universidades y actos públicos para transmitir un mensaje de paz, nunca de venganza, acuñando una frase que hoy resuena como su testamento político y social: «La única lucha que se pierde es la que se abandona». Su partida física deja un vacío enorme, pero su legado permanece intacto en las banderas de la democracia argentina.