
Hay noches que nacen para ser eternas, y la de este lunes 22 de junio de 2026 en Texas ya tiene su lugar en las páginas doradas del deporte rey. Con una actuación memorable, Lionel Messi lideró la victoria de la Selección Argentina por 2-0 ante Austria en la segunda fecha de la Copa del Mundo, alcanzando la mítica cifra de 18 goles en citas mundialistas para convertirse en el máximo artillero de todos los tiempos.
El AT&T Stadium fue testigo de un guion puramente maradoniano: redención, drama y genialidad absoluta. Apenas arrancado el partido, el capitán argentino sufrió el impacto de desviar un penal a los 9 minutos. El silencio ensordecedor que recorrió las tribunas parecía anticipar una jornada esquiva. Pero si algo define la carrera del ‘Diez’ es su capacidad para desafiar la lógica cuando el contexto más lo exige.
A los 38 minutos, el capitán disipó cualquier fantasma. Tras una proyección de Facundo Medina y una inteligente cortina de Thiago Almada, Messi capturó la pelota en la medialuna y sacó un latigazo de zurda que se clavó abajo, contra el palo derecho del arquero austríaco. Fue el 1-0 del desahogo y el gol número 17 en su cuenta personal en Mundiales, superando la línea del alemán Miroslav Klose.
Lejos de conformarse, la jerarquía de Messi brilló con más fuerza en el complemento, cuando el equipo sintió el desgaste físico y la salida por lesión de Cristian Romero. El capitán se cargó el desarrollo del juego al hombro, durmió la pelota cuando el rival empujaba y estiró la ventaja en el último suspiro. A los 95 minutos, tras una serie de rebotes en el área, capturó un balón suelto para sellar el 2-0 definitivo y romper el récord absoluto en soledad.
Con 38 años, Messi no solo mantiene intacta su ambición, sino que volvió a clasificar a la Selección a la próxima instancia del Mundial con una fecha de anticipación. Su leyenda no se detiene; se reescribe partido a partido.
