Este viernes 17 de julio, la comunidad judía y la sociedad argentina se unieron en un solo grito de justicia al cumplirse 32 años del atentado terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Bajo el lema «Hoy no podemos perder la memoria», el acto central frente a la reconstruida sede de la calle Pasteur comenzó puntualmente a las 09:53, hora exacta en la que el coche bomba destruyó el edificio en 1994, cobrándose la vida de 85 personas y dejando más de 300 heridos.

La conmemoración oficial se adelantó un día para respetar el Shabat. La jornada estuvo marcada por una profunda carga emotiva, discursos con fuertes reclamos judiciales y una importante comitiva oficial encabezada por el presidente Javier Milei, junto a miembros de su gabinete de ministros.

El sonido que congela el tiempo

Como cada año, el inicio del homenaje lo dictó el desgarrador sonido de la sirena, seguido por la lectura de los nombres de cada una de las 85 víctimas fatales. Familiares, sobrevivientes y ciudadanos sostuvieron las fotos de sus seres queridos en un reclamo que se mantiene intacto y doloroso ante la persistente impunidad de la causa judicial.

Durante los discursos principales, las autoridades de la mutual renovaron la exigencia al Poder Judicial y a la comunidad internacional para avanzar firmemente contra los responsables intelectuales y materiales del ataque terrorista, señalando la falta de condenas firmes tras más de tres décadas.

Memoria a través del arte y la cultura

Para mantener vivo el recuerdo en las nuevas generaciones, este 32° aniversario sumó impactantes intervenciones artísticas. Entre ellas se destacó la inauguración del mural «Pasteur 9.52», obra del artista Lucas Lasnier (Parbo), que recrea el frente de la mutual un minuto antes de la tragedia utilizando escombros originales del edificio destruido.

Asimismo, se presentó una conmovedora pieza audiovisual narrada por el actor Federico D’Elía y la muestra fotográfica «Entre zurcir y suturar», de Natalia Zaidman, que expone retratos de las víctimas intervenidos con bordados tradicionales. El acto concluyó en un clima de absoluto respeto, consolidando una jornada donde el dolor colectivo se transformó, una vez más, en un reclamo impostergable de verdad y justicia.