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Las hijas de Ricardo Jaime cambiaron su estilo de vida a medida que su padre se asentaba en la secretaría de Transporte durante los primeros seis años de gobierno kirchnerista. Comenzaron a viajar por el mundo y adquirieron algunos bienes que antes no estaban a su alcance.

Desde hoy y por los próximos días hasta fin de mes declararán los parientes de Jaime que para la Justicia han actuado como testaferros del ex funcionario kirchnerista. Las hijas inician la lista pero también pasará por Tribunales un hermano, la ex mujer-y sus dos hijas- y la ex suegra de Jaime. El fiscal Carlos Rívolo que investiga el modo en que Jaime hizo crecer el patrimonio de quienes lo rodean, los imputó como testaferros.

De las tres hijas de Jaime, Gimena, la menor, es quien, según los investigadores, aparece menos comprometida. Romina vive en Brasil y su padre quería ir a visitarla en los últimos días. Y Julieta compró una casa en las afueras de Carlos Paz. Esa operación está sospechada por la Justicia.

Jaime intentó de todas formas que este momento no llegara. Pidió que se las considerara como encubridoras suyas. Nada le fue concedido por el juez Sebastián Casanello a cargo del caso desde octubre de 2012. El ex funcionario recusó al juez: lo acusó de haber perdido la imparcialidad cuando lo llamó a indagatoria. En el escrito por el que lo convocó a declarar, Casanello señaló que el testimonio de un contador de la Corte de Justicia había sido «contundente». El contador Héctor Roccatagliata junto a la contadora Eleonora Feser realizó el peritaje contable que determinó que Jaime y sus familiares no pueden justificar una cifra cercana a los 12 millones de pesos. Casanello rechazó la recusación y ahora debe decidir la Sala I de la Cámara Federal si el juez sigue a cargo del caso.

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