El Misterio de los Jubilados Desaparecidos en Chubut: Un Mes Sin Respuestas en la Patagonia Desolada
Publicado: 13-11-2025

Han pasado exactamente un mes desde que Pedro Alberto Kreder, de 79 años, y Juana Inés Morales, de 69, se desvanecieron en las áridas extensiones de Cañadones de Visser, a 30 kilómetros de Comodoro Rivadavia. Lo que comenzó como un idilio romántico entre dos jubilados –que se habían conocido apenas un mes antes– se transformó en una odisea de búsqueda que mantiene en vilo a familias, autoridades y a una comunidad entera. Hoy, con el viento patagónico azotando las rocas coloradas y los cañadones, el caso sigue envuelto en un velo de incertidumbre: ¿fueron víctimas de un robo, se perdieron en el barro implacable o el mar los reclamó para siempre?
El 11 de octubre de 2025, la pareja partió en la camioneta de Kreder, un vehículo robusto equipado para aventuras off-road, con la ilusión de un viaje romántico por la Ruta 3, la vía principal y segura hacia el sur. Pero algo salió mal. Según reconstruyen los investigadores, tomaron un desvío equivocado hacia la Ruta Provincial N° 1, un camino traicionero conocido localmente como «el zanjón del Árabe», plagado de arenas movedizas y accesos imposibles. La camioneta quedó atascada en un lodazal. Cuando los rescatistas la encontraron días después, estaba intacta: cerrada con llave, sin rastros de violencia, con dinero, una carpa, saco de dormir, comida y agua en su interior. Kreder y Morales habían abandonado el vehículo para buscar ayuda… y nunca regresaron.
«Era su caparazón de protección. No entiendo por qué lo dejaron atrás», reflexiona Martín Pérez, un guía local de Comodoro Rivadavia, quien conoce la zona como la palma de su mano. La supervivencia en Cañadones de Visser es «muy compleja», advierte: subidas y bajadas abruptas, cursos de agua impredecibles, arenales traicioneros y rocas que ocultan grietas profundas. Tardaron cuatro horas solo en ubicar la camioneta, dada la geografía hostil. Y un detalle inquietante: los celulares de la pareja, sin chips, fueron hallados en la casa de Kreder en Trelew. «¿Cuál fue el que impactó antes de la desaparición?», se pregunta el periodista local Marcelo Vidal, de ADN Sur, quien ha seguido el caso de cerca.
Una Búsqueda Épica en Terreno Inhóspito
Desde el primer día, la operación de rastrillaje ha sido monumental. Más de 100 efectivos policiales, vehículos 4×4, helicópteros de la Prefectura Naval Argentina y drones térmicos han batido un radio de 10 kilómetros alrededor del sitio de la camioneta. Se sumaron perros especializados: Kali, de la Unidad No. 32 de Bomberos de Trelew, entrenada para detectar restos humanos, y Roco, para búsquedas genéricas. Esta semana, el esfuerzo se intensificó con la llegada de una brigada de rescate de Santa Fe –11 voluntarios y dos miembros de protección civil– equipados con tecnología de vanguardia valorada en 100 millones de pesos, incluyendo drones con cámaras térmicas.
El fiscal Cristian Olazábal, a cargo de la causa, supervisó un sobrevuelo en helicóptero el martes 11 de noviembre, expandiendo la cuadrícula de búsqueda a cañadones, barrancas y senderos ocultos. «Se ordenó una pericia genética conforme los rastros levantados en el interior del vehículo, para ser cotejados con familiares tanto de Kreder como de Morales», explicó Olazábal en una conferencia de prensa ese día. Sin embargo, el avance se ve lastrado por la burocracia: «La pericia no se ejecuta de un día para otro. En la provincia tenemos un solo laboratorio, con más de cien casos en curso vinculados a homicidios, delitos sexuales y crímenes violentos».
Las familias no cejan. Gabriela Kreder, hija de Pedro, resume el dolor y la determinación: «No vamos a abandonar esa búsqueda de ninguna manera hasta que encontremos una respuesta a esto que está sucediendo, que realmente es inexplicable». Describe a su padre como un hombre cauto, ajeno a riesgos innecesarios: «Él no es una persona que se dedique a hacer caminos de riesgo ni a arriesgarse así. Es muy difícil ingresar ahí». Las hijas de ambos sospechan de un posible robo: «Quizás fueron víctimas de un robo, les quisieron sacar la camioneta y tomaron ese camino para escapar y se quedaron atrapados». Un llamado anónimo a la línea 134 sugirió que alguien los interceptó o coaccionó para desviarlos de la ruta principal, pero el ministro de Seguridad de Chubut desestimó la hipótesis de un asalto.
Hipótesis en el Aire: ¿El Mar como Culpable?
El comisario Pablo Lobos, segundo jefe del Área de Investigaciones de la Policía de Chubut, no descarta nada. «No hay hipótesis que hayamos descartado todavía. Lo último que estamos evaluando es la posibilidad de que hayan regresado al mar y que el mar los haya arrastrado», reveló, según consignó el medio local Jornada. La nueva teoría apunta a Puerto Visser y Rocas Coloradas, una reserva natural de 90.000 hectáreas donde el océano Atlántico lame las costas rocosas. Búsquedas recientes en esa zona, con perros y drones, no han arrojado pistas firmes, pero las familias insisten: «Estamos pendientes de una pista para poder agarrarnos de algo, pero no pasa nada. Los investigadores mucho no nos dicen».
Amigos y allegados pintan un retrato tierno de la pareja. Lydia Estevao, confidente de Juana, la recuerda como «una persona feliz e ilusionada de su romance con Pedro Kreder». Y de él: «Era un hombre muy amable». Las hijas de Morales, sorprendidas al enterarse de la relación, solo atinan a pedir respuestas.
Un Mes de Angustia: ¿Qué Sigue?
El martes 11 de noviembre marcó el hito de los 30 días sin rastro. Una conferencia de prensa de las autoridades provinciales esa noche prometió más recursos, pero el silencio del desierto patagónico persiste. Mientras el fiscal Olazábal y el comisario Lobos coordinan con bomberos de Río Gallegos y Trelew, las familias claman por rastrillajes más profundos. «Se sigue buscando, se sigue rastreando. Se unieron los bomberos de Trelew y están viniendo más perros que buscan restos humanos desde Río Gallegos», asegura Gabriela.
En esta Patagonia de contrastes –donde el romance puede florecer en un instante y la naturaleza reclamarlo al siguiente–, el caso de Kreder y Morales no es solo una desaparición: es un recordatorio brutal de lo frágil que es la frontera entre la aventura y el abismo. Hasta que el mar o el barro entreguen sus secretos, la búsqueda continúa. Y con ella, la esperanza de un cierre, por doloroso que sea.