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El Mundial de fútbol gana la portada de todos los diarios y la atención de todos, incluidos aquellos que ven a este magnífico deporte desde lejos. No importa quién juega en el equipo, ni quién es el técnico, ni las chances reales de ser campeones. A quién le importa eso si de sueños vive el hombre. Ahora que la Copa del Mundo pasea por Argentina cómo no soñar que llegará para quedarse a mediados de julio de la mano del capitán Lionel Messi.

El equipo parece consolidado, especialmente del medio para arriba. «La delantera argentina es una de las mejores del mundo», dijo Sergio «Kun» Agüero hace unos días. No le falta razón; los problemas nacionales están en la defensa. Será tarea del entrenador Alejandro Sabella resolver esos problemas de aquí a junio, con sólo un puñado de amistosos por jugar.

La Selección buscará en Brasil conseguir la tercera Copa del Mundo. No sólo será cuestión de festejar ese sueño postergado que lleva 28 años, sino de volver a poner al país a la vanguardia futbolística.

Será tiempo de este equipo de repetir los momentos memorables del Mundial ’78, con un equipo arrollador de la mano de Mario Kempes, y del ’86, con un conjunto práctico liderado por las genialidades de Diego Maradona. Un poco de los dos tiene la Argentina, así lo soñó Sabella. Ahora es el momento de que el sueño se transforme en realidad.

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