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Era un momento clave. Para demostrar la grandeza. Argentina se jugaba el pasaje al Mundial de Estados Unidos 1994. No le alcanzaba con el empate, debía ganar o ganar. El Monumental explotaba, el celeste y blanco adornaba los cuatro costados del estadio. Pero Carlos Valderrama, Freddy Rincón, Faustino Asprilla y compañía se empecinarían en arruinarle la fiesta al combinado local y, para colmo, escribir una de las páginas más negras de la historia del fútbol local.
Un 5 de septiembre de 1993, Colombia llegaba como líder del Grupo A y con el empate le alcanzaba para sellar el pasaporte rumbo a Norteamérica. Argentina era el inmediato perseguidor de los «Cafeteros» y, de no lograr un triunfo, debía pensar en jugar el repechaje. Alfio Basile tiraba a la cancha a Sergio Goycochea; Julio Saldaña, Jorge Borelli, Oscar Ruggeri, Ricardo Altamirano; Gustavo Zapata, Fernando Redondo, Diego Simeone; Leonardo Rodríguez; Ramón Medina Bello y Gabriel Batistuta.
La Selección, luego, debía llamar a Diego Armando Maradona para que se ponga el equipo al hombro y logre la clasificación al Mundial en el repechaje ante Australia, también plagado de dudas.

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