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En el marco del Programa Nacional de Rescate del Ministerio de Justicia de la Nación y junto al Ministerio de Trabajo bonaerense y la Policía Federal, se rescataron 106 jornaleros rurales que serían víctimas del delito de «trata de personas» en el establecimiento «El Ombú», en San Antonio de Areco, a 120 kilómetros de la Capital Federal. Los trabajadores habían sido conducidos  a ese campo desde diversos pueblos de la provincia de Santiago del Estero, donde fueron contratados bajo promesa de un trabajo formal.Durante el operativo, se constataron las condiciones de hacinamiento en que vivían a pesar de que  el establecimiento, de 300 hectáreas dedicadas a la ganadería y la agricultura, posee un lujoso casco dedicado a la recepción de turismo internacional.

Ese establecimiento había sido inspeccionado hace unas semanas por la AFIP y de la observación visual así como de entrevistas surgieron elementos para considerar que se estaba ante un caso de  trata

Los jornaleros habían sido contratados para desflorar el maíz, consistente en sacar la flor a cada planta hembra para que el polen de la planta macho, que «contagia» a la hembra, reproduzca un maíz más potente en granos y dimensión. Esta tarea se realizan durante varios meses al rayo de sol y en muchos campos bonaerenses es habitual contratar peones de zona muy calurosas, como Santiago del Estero, ya que exige resistencia física además del conocimiento.Los trabajadores vivían en cuchetas de chapa, sin agua potable ni baños, con una provisión fija de dos bidones de agua diarios por cuadrilla de siete trabajadores. Todas las víctimas habían llegado a ese campo a fines de 2013 desde distintos pueblos de Santiago del Estero, reclutados por un jefe de cuadrilla que no integran la red de explotación sino que son sus víctimas ya que tienen el mismo régimen de trabajo sin francos.Los trabajadores rescatados fueron contratados bajo la promesa de un sueldo de 228 pesos diarios con un mínimo descuento inicial de 6 por «papeleo». Lo cierto es que  raramente se llega a la paga prometida ya que cuando la cuadrilla finaliza su trabajo, los empleadores realizan descuentos por alimentación, elementos de higiene y viajes, y la remuneración se reduce a una ínfima proporción.

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