SECUESTRADA Y ABUSADA. EL RELATO DE LA VICTIMA EN PRIMERA PERSONA. LA PERICIA
Publicado: 04-09-2013
A Jorge Antonio Torres, un Testigo de Jehová y dueño de una fábrica de chacinados, lo denunció una joven que tiene 18 años.
Desde diciembre de 2011 hasta el pasado mes de julio el hombre la mantuvo cautiva en su
Años antes, ese mismo sujeto la había convertido a la religión de la que él es considerado un líder.
Y en ese contexto, abusó por primera vez de ella cuando tenía 14 años. Después, durante los casi dos años en que la mantuvo encerrada, la redujo a la servidumbre y la aisló de sus familiares y demás vínculos sociales.
En ese tiempo, la chica sufrió gravísimas agresiones psicológicas y físicas. Y las experiencias sexuales a las que Torres la sometió hicieron que fuera abusada por personas que, al azar, él elegía cada vez que ambos viajaban a Azul. Además, la joven fue obligada a desarrollar prácticas de zoofilia.
Al hombre lo detuvieron el pasado 2 de agosto. Por los varios y graves delitos que le imputa, el fiscal azuleño que interviene en el caso pidió que ahora le dicten la prisión preventiva.
Jorge Antonio Torres, el hombre que está detenido por este caso, es propietario de una fábrica de chacinados. De ese lugar, cuando la había llevado a limpiar, la chica se escapó el pasado 17 de julio Al acusado de todos estos hechos lo detuvieron el 2 de agosto último.
El acusado es el propietario de un frigorífico que está en Tapalqué. También, un Testigo de Jehová que valiéndose de la práctica de esa religión donde figura con la jerarquía más alta, conocida como «anciano de la congregación», logró captar a la chica que figura como víctima en la causa penal que se instruye en una fiscalía de Azul.
Actualmente de dieciocho años de edad, el vínculo entre ambos comenzó cuando ella tenía tan sólo doce. Años después, el hombre la llevó a vivir a su casa, el lugar donde la mantuvo cautiva hasta el pasado mes de julio.
Durante estos casi dos últimos años, el sujeto que por estos días está detenido en la Unidad 30 -la cárcel del SPB que está en General Alvear- la aisló de su familia y amigos, no la dejó ir a la escuela y la tuvo encerrada, haciéndole hacer las tareas de la casa y sin que pudiera tener acceso a ningún medio de comunicación.
Además, la golpeó y la sometió sexualmente en varias ocasiones de las maneras más perversas. En este último contexto mencionado, hizo también que la chica fuera violada por cualquier persona a la que él se le ocurría que tenía que mantener relaciones con ella. Mientras tanto, él la observaba y, en algunas ocasiones, se sumaba también a lo que eran esos actos.
Los varios sometimientos sexuales que la víctima contó que padeció durante todos esos años de encierro y aislamiento incluyeron también que tuviera que desarrollar, obligada y por la fuerza, prácticas de zoofilia con dos perros.
Todo esto, que parece surgido de la imaginación más perversa que alguien puede llegar a tener, es real.
Ocurrió en Tapalqué y está siendo investigado a través de un sumario penal que se sustancia en la Unidad Funcional de Instrucción número 2 de Azul, fiscalía que está a cargo de la Dra. Laura Margaretic pero que por estos días -por licencia por maternidad de la funcionaria judicial- conduce en forma interina el también fiscal Javier Barda.
«Mi vida se transformó en un infierno», declaró la joven en sede judicial sobre lo que fueron todos los sometimientos sexuales que padeció por el accionar del hombre que la había captado y la mantuvo cautiva durante estos años.
Fueron varios, según contó, los encuentros sexuales a los que Torres la sometió durante el año pasado, obligándola en esas oportunidades a mantener sexo con cualquier persona que él eligiera. Siempre ese tipo de relaciones sexuales no consentidas por la chica ocurría en Azul.
Viajaban hasta acá en el Toyota Corolla con vidrios polarizados y parasoles en su parte trasera que el hombre tenía, para que de esa forma nadie los viera.
Siempre de acuerdo con su versión, el primer hombre que abusó de ella tenía unos 60 años de edad. Lo encontraron en una esquina, al llegar a Azul. Si bien ese sujeto no llegó a accederla carnalmente porque ella se opuso, luego de que ese sujeto se bajó del auto Torres comenzó a golpearla. Y después, la llevó a un monte donde la violó una vez más.
Los viajes a Azul se volvieron una constante que alimentaba el costado más perverso del dueño de la fábrica de chacinados y también Testigo de Jehová.
En una segunda ocasión, en cercanías al Balneario, mientras Torres la esperaba en el auto, la chica tuvo que bajarse y ofrecerle sexo a dos chicos que en ese entonces estaban en el paseo público. Era un sábado a la noche, y una vez que esos jóvenes subieron al auto, junto con Torres todos fueron hasta un monte donde, según contó la joven, «los chicos me violaron» en presencia de él, quien además de observar la escena luego la accedió también carnalmente.
No se trataba de sexo a cambio de dinero, ya que -relató la víctima en sede judicial- «no había ningún acuerdo más que subirse al auto y tener sexo conmigo».
En lo que fue la continuación de esas prácticas, siempre cada vez que él la traía en su auto a Azul, en otra ocasión el hombre la llevó hasta un barrio periférico de la ciudad donde fue obligada a tener sexo con un joven que hallaron en ese lugar.
Una semana antes de escaparse, la chica contó que tuvo que soportar una vez más una situación así, cuando -en esa ocasión- Torres la trajo hasta el basural de Azul, donde ella fue abusada por dos «linyeras» que estaban en el lugar.
Y la última vez ocurrió el día antes a que se fugara, cuando en esa ocasión, de regreso en Azul, «me hizo parar a un chico que tendría como 17 años» para también tener sexo con él.
-La joven de 18 años de edad está actualmente viviendo con su madre y le ha sido asignada una custodia policial permanente. Según declaró, había comenzado a profesar la religión de los Testigos de Jehová porque «se sentía contenida» en un momento difícil de su adolescencia, ya que sus padres se estaban separando. Eso le permitió a Torres poder captarla, tanto para la religión que él profesaba como para todo lo que vendría después.
-«Poco a poco comencé a pensar igual a él por miedo», sostuvo. También, dijo que «de a poco comencé a dar la mano como saludo entre los fieles, no saludé más a los hombres con un beso en la mejilla, Jorge no me dejaba. Comencé a vestirme con ropa grande, de negro o, mientras predicaba, con polleras largas». Todo lo hacía porque le tenía una cierta reverencia al líder de su religión. «Yo obedecía», declaró también la chica. «Me empezó a cambiar la forma de pensar. Le hacía caso. Pensaba que siempre tenía la razón».
-«Viví encerrada. Salía sólo las veces que ya declaré, pero acompañada por él. Mientras Jorge trabajaba o se iba de la casa cerraba todo con llave. Incluso, me decía que había micrófonos o cámaras y es por eso que yo ni siquiera osaba prender la TV en su ausencia. Sólo limpiaba y cocinaba. Los mandados los hacía él». Y algunas cosas para ella las compraba su mamá cuando iba a visitarla, hasta que después la influencia ejercida por el encausado hizo que perdiera todo contacto con sus familiares, como así también con quienes eran sus compañeros de la escuela, ya que Torres la obligó a dejar los estudios. Además, cada vez que se enfermaba no la atendía ningún médico. Y estando con fiebre o engripada fue obligada igual a mantener relaciones sexuales.
-«Intenté escaparme un día tirándome por la ventana del segundo piso de la casa. Pero debajo de esa ventana había colocados como fierros en punta y me lastimé toda. Parecía que él sabía que mi salida era ésa y parecían colocados esos fierros y alambres a propósito».
Una pericia psicológica realizada a la víctima concluye que había una relación de «hechizo» de parte de él hacia ella, vínculo que produjo confusión en la menor, con pérdida de sentido crítico y la existencia de un claro dominio psicológico.
También se menciona la existencia de una relación marcada por el sometimiento, algo que en la joven generó «terror» hacia quien la mantuvo cautiva.
Los especialistas hablan en este caso de lo que fue «un proceso de captación, con utilización de la seducción y manipulación, basado en una posición predominante y de poder que contrastan con la vulnerabilidad de un púber/adolescente».
Además, afirman que «se evidencia una situación de entrapamiento de la peritada, a la cual quedó sometida».
En ese contexto, cualquier cosa que la chica hiciera por iniciativa propia era considerada por Torres como «una insubordinación», lo que se traducía en que sufriera diferentes castigos corporales.
La joven contó que el hombre le efectuaba cortes en su cuerpo con una daga que tenía, cada vez que la celaba. También, que usaba la hebilla de un cinto para azotarla, en ocasiones en que la desnudaba, la hacía acostar boca abajo y la ataba de pies y manos en esa casa donde la mantuvo cautiva.
Cuando fue revisada, la chica presentaba alrededor de veinte cicatrices en su cuerpo, concretamente en brazos y muslos, la mayoría de las cuales se corresponden con esos cortes que le eran efectuados con armas blancas como la ya mencionada daga y otro tipo de cuchillos.
Además, también tiene heridas en muñecas y pies propias de quien es atado, lo que en su caso ocurría en ocasiones en que su captor abusaba sexualmente de ella.
