Un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) enciende las alarmas al confirmar que el financiamiento de los hogares no se destina a bienes de lujo, sino a la subsistencia diaria en un contexto de profunda recesión económica.

BUENOS AIRES (24 de agosto de 2026) – La realidad económica de las familias argentinas entró en una fase crítica. Lejos de las narrativas oficiales que asocian el endeudamiento de los hogares con consumos suntuarios o gastos de esparcimiento, la calle y los datos sectoriales reflejan un escenario de subsistencia. Salvador Femenía, vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), advirtió de manera contundente que los ciudadanos están recurriendo al crédito de forma sistemática para financiar necesidades biológicas elementales: alimentos y medicamentos.

La pérdida sostenida del poder adquisitivo frente a la inflación y el establecimiento de límites estrictos en las negociaciones paritarias han configurado un atraso estructural de los salarios. Esta restricción de ingresos golpea de lleno a la clase media trabajadora, la cual se ve obligada a utilizar la tarjeta de crédito no como una herramienta de fomento al consumo, sino como un puente financiero de emergencia para llegar a fin de mes.

El comercio tradicional en terapia intensiva

El impacto de esta crisis del consumo se siente con fuerza en las principales arterias comerciales del país. Según los relevamientos de CAME, que abarcan de manera representativa a las 23 provincias y a la Capital Federal, la recesión exhibe un carácter federal y uniforme. Los locales vacíos en los centros comerciales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) e interior de la provincia de Buenos Aires son el síntoma visible de un mercado interno estancado que no logra traccionar la demanda.

Por otra parte, desde la entidad gremial pyme relativizaron el rol de los canales digitales como dinamizadores de la economía. El comercio electrónico representa apenas el 18% del comercio global en Argentina, una cifra que resulta totalmente insuficiente para compensar el desplome generalizado de las ventas minoristas en las tiendas físicas tradicionales.

El combo que asfixia a las pymes

La parálisis del consumo minorista genera un efecto dominó que golpea el corazón financiero de las pequeñas y medianas empresas. Con plazos de cobro que se estiran de forma indefinida, las industrias pymes enfrentan graves dificultades operativas que derivan en un peligroso cúmulo de deudas bancarias, retrasos con proveedores y pasivos tributarios.

A la falta de incentivos estatales para reactivar la actividad económica interna, se le suma una combinación letal de altos costos logísticos, una presión tributaria asfixiante y el costo de las cargas sociales. Frente a este panorama, desde CAME exigieron de manera urgente la implementación de un plan de pagos extraordinario para aliviar la situación del sector productivo, que actualmente padece la ejecución de embargos por parte de ARCA (ex AFIP) en plena escasez de liquidez.

El diagnóstico pyme es claro y unánime: la recesión económica actual no discrimina regiones geográficas ni sectores productivos. Sin políticas centrales destinadas a recuperar el ingreso real de los trabajadores y a aliviar la mochila fiscal de las empresas, los niveles de endeudamiento familiar seguirán actuando como el único y riesgoso flotador de una economía interna en retroceso.