Jueves 18 de Julio de 2024

ADELANTO DE SDP: CAUSA LAVADO DE DINERO. PERICIAS EN EL CELULAR Y LA COMPUTADORA A «EL NUEVO ARREPENTIDO»

Publicado: 09-06-2013

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“A la chacra del señor Báez hace más o menos siete meses que no concurro”. Habían pasado apenas 24 horas del escándalo sobre las bóvedas secretas de Lázaro Báez y el supuesto autor de las fotos, Sergio Triviño, se convertía en el tercer “arrepentido” de la causa, tras las desmentidas de Federico Elaskar y Leonardo Fariña, quienes están citados para declarar mañana ante el juez Sebastián Casanello.

Triviño lo hizo el 22 de mayo ante la fiscal federal subrogante de Río Gallegos, Patricia Kloster, antes que la causa regrese a Buenos Aires. Allí negó haber tomado las fotos ni entregarlas al matrimonio de Fabián Coli y Mirta Mayorga. Y remarcó que había visto a su jefe solo “dos veces” en su vida. Ya era tarde: las imágenes obligaron a Báez a mostrar la intimidad de sus propiedades.

Triviño fue uno de los primeros en ingresar a Austral Construcciones, en el sector metalúrgica: su número de legajo es 228. Triviño habria sacado más de 200 fotos durante los trabajos y fue a ver a Coli.  En las horas previas a la difusión, el empleado se habría arrepentido. Eso explicaría su versión de los hechos ante la Justicia.

Triviño buscó despegarse de Coli y de su esposa: “Con ellos tengo una relación de conocimiento, a veces voy a su casa a compartir una comida, he llevado mi computadora a su domicilio para que me cargue música”.

También intentó desligarse de las fotos que golpearon tanto a Báez. “Nunca le di ninguna fotografía para que pasar a un pen drive, eso es todo mentira”, dijo ese día. El dato que trascendió es que Triviño tenía las fotos en su celular y acudió a Coli, empleado de la radio LU12 y de la Municipalidad, para bajarlas a un pen drive.

Triviño se enteró del escándalo horas antes que saltara a los medios. Atendió una llamada desde Buenos Aires que le ofrecía custodia. No dudo y lo fue a ver a Coli. “Fabián me dijo que no tenía idea de lo que le estaba hablando”, dijo el empleado ante la fiscal.

“De ahí me fui a mi casa, empiezo a hacer zapping y veo que dicen que había tres testigos encubiertos de Río Gallegos”. Para entonces Triviño ya había entrado en pánico. Fue a verlo otra vez a Coli. Hablaron en el hall de la radio. La charla fue tensa. “No le encuentro ninguna explicación, pero sospecho de él, por la actitud extraña que tuvo en todo esto”, declaró el 22 de mayo. Es más, dio a entender que su amigo negoció las fotos: “Siempre está vinculado a medios de comunicación en contra del Gobierno, y con esto deduzco que querrá sacar provecho propio”. El jueves pasado, Triviño insistió con esa versión al ser careado con la pareja que filtró las imágenes.

¿Por qué se arrepintió?. No hay una respuesta, solo especulaciones. Se habla de un mensaje de texto que le habría enviado el empresario patagónico. Báez lo niega.Pero es llamativo cómo intentó desligarse del empresario patagónico.

“A Báez lo vi dos veces en mi vida, en el asado de inauguración de la empresa y hace 7 meses cuando fui a verificar el trabajo”. Se refería al cambio de un rulemán del portón corredizo de la chacra ubicada cerca de la calle Asturias. La nueva versión de Triviño se cae a pedazos solo con la imagen que lo muestra reflejado en un espejo. “Habrá que peritar su celular y su computadora para que caiga la mentira”, dijeron anoche