
El riesgo país de la Argentina interrumpió su racha positiva y encendió las alarmas en el mercado financiero. Tras varias semanas de calma, el indicador elaborado por el banco JP Morgan mostró un incremento que refleja las persistentes dudas de los inversores internacionales sobre la economía local y la capacidad de pago de los compromisos de deuda externa.
¿Qué es el riesgo país y cómo se calcula?
Para entender este fenómeno, es clave definir qué es el riesgo país. Se trata de un índice que mide la sobretasa que debe pagar un Estado por encima del rendimiento de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, considerados el activo financiero más seguro del mundo.
Cuando los bonos soberanos argentinos caen de precio en Wall Street, el rendimiento de estos títulos aumenta, lo que provoca de forma directa una suba del riesgo país. Cada 100 puntos básicos equivalen a un 1% adicional de tasa de interés que el país debería convalidar si decidiera salir a buscar financiamiento en los mercados internacionales.
Las causas detrás de la suba del riesgo país
Los analistas financieros coinciden en que el aumento reciente no responde a un único factor, sino a una combinación de variables internas y externas:
- Dudas sobre las reservas del Banco Central: El mercado observa con lupa la capacidad de la autoridad monetaria para acumular dólares comerciales y garantizar los pagos de los vencimientos de deuda de los próximos meses.
- Contexto internacional adverso: La volatilidad en los mercados emergentes y la firmeza de las tasas de interés en los países centrales restan atractivo a los activos de mayor riesgo, afectando directamente a la Argentina.
- Incertidumbre legislativa y macroeconómica: Los debates pendientes en el Congreso y las señales mixtas sobre la reactivación de la actividad económica local generan cautela entre los fondos de inversión.
¿Cómo afecta el riesgo país a la vida cotidiana?
Aunque parezca un indicador abstracto que solo importa en la City porteña, el impacto del riesgo país en la economía real es directo.
Al mantenerse elevado, el Gobierno nacional queda virtualmente excluido del crédito internacional, lo que restringe el ingreso de divisas. Asimismo, las empresas argentinas sufren las consecuencias: si una compañía local necesita financiamiento para ampliar su planta o invertir en infraestructura, debe endeudarse a tasas muy altas, lo que frena la creación de empleo y encarece los costos de producción de bienes y servicios.
